¿Cómo empezar? Bueno, podríamos decir que en materia de cine vengo recontra atrasado. Hay infinidad de películas que todavía no ví. A Eterno resplandor de una mente sin recuerdos recién la pude ver el año pasado, y esta semana cuando la estaban dando en la tele me quedé mirándola.
Entonces empezó eso que hago y es parecido a pensar, cuando me pregunté ¿te borrarías algún recuerdo? Hmmm, que pregunta original, dirán, pero hay preguntas que son más antiguas y todavía se siguen haciendo. Pero me estoy yendo del tema. Bueno, después de darle un par de vueltas al asunto, creo que diría que no, no me borraría ningún recuerdo.
Porque me parece que uno es lo que es principalmente por las experiencias que vivió. Uno es lo que es en función de su pasado. Y como dice Popeye "I am what I am". Borrar el más mínimo recuerdo te convierte en una persona completamente diferente. Ni hablar si borras el recuerdo de una persona, eso se ve en la película claramente. Y hasta ahí llega mi sesera en lo que a explicaciones se refiere. Pero no soy el único que piensa de esa manera, y pongo a continuación un pensamiento similar, aunque de una fuente un poco extravagante:
¿Cómo?¿No jugaron Max Payne 2? Pocos juegos tienen la calidad argumental de este. Y te cagas a tiros, que también es importante, pero el juego es sólido en cada uno de sus aspectos.
Y como ya me desvié completamente del asunto, me retiro dejando esta pieza musical intitulada Quiet Life, perteneciente a la banda sonora de Rurouni Kenshin: Tsuiokuhen (Tsuiokuhen parece que significa recuerdos, así que tan lejos no me fuí al final). No está de más recomendar que vean estos ovas, rozan la gloria, si es que no la alcanzaron.
Apéndice prescindible: La verdadera transformación es imposible (Alejandro Dolina)
Para ser otro, hay que dejar de ser uno. Hay que aniquilarse.
Lo que hace que un hombre sea uno y no otro, es -decía Unamuno- un principio de unidad y continuidad. De unidad en el espacio, a través del cuerpo; de continuidad en el tiempo, por una serie continua de estados de conciencia, certificada por la memoria. Y no se puede ser cabalmente algo sin apropiarse de su sucesión, es decir su pasado, su presente, su futuro.
Así, la transformación exige renunciar a ser y a haber sido.
De este modo, si en verdad uno se convierte en otro, no es posible ni siquiera percibirlo
De hecho es posible que se produzcan metamorfosis a cada minuto, con los nulos resultados que se señalan en la historia berkeleyana de los señores Ramallo y Villar.
Manuel Mandeb, usando estos argumentos, escribió que la reencarnación es una institución cuyos efectos son idénticos, sea que exista o que no exista.
La ausencia de memoria de nuestras encarnaciones anteriores y la falta de rasgos comunes entre una y otra vida son factores decisivos para el hombre de Flores.
"Digamos que yo he sido sacerdote en Tebas, pirata en el Helesponto, campesino en la Edad Media, perfumista en Ferrara, ferroviario en el siglo pasado y ahora este que soy. Pues bien: ¿A que cosa he aludido en verdad al escribir yo en el comienzo de este periodo? Si no hay cuerpo ni estados de conciencia ni memoria ni rasgo alguno que preste unidad a mis encarnaciones pasadas y futuras, entonces yo es menos que una vacante en el amoblamiento universal.
"No digo que la reencarnación no exista. Digo que es imperceptible y peor aún: que para mí, para los otros, para los que fui y para los que seré, tanto da su existencia como su inexistencia"
Se dirá que es posible concebir una transformación con memoria del estado anterior. Y yo diré que es una transformación imperfecta. Si quiero convertirme en Tomas Sanz-Permitaseme el ejemplo burdo- deberé llevar conmigo, entre tantos rasgos, la memoria de Tomas Sanz, que ciertamente no incluye el recuerdo de haber sido otro.
Asuntos sin interés son estos, bien lo comprendo, para las personas decentes de nuestro tiempo, ocupadas mas bien en obtener tarjetas de crédito.
Tal vez, en un improbable futuro, los lectores razonables se transformen en gentes enloquecidas y disfruten de estos modestos caprichos. O mejor aun, quizá este columnista delirante experimente una saludable metamorfosis y escriba crónicas de cine; para alegría de sus amigos y favorecedores.
Y ahora sí, me voy. Pero vos, ¿te borrarías algún recuerdo?
















