jueves, 15 de septiembre de 2011

Deja Vú


     Todos sabemos en que consiste un deja vu. Estamos en un lugar o se desarrolla algun evento e instantáneamente nos viene la sensación de ya haberlo vivido. También sabemos que esto se debe a un pequeño error del cerebro, que, de vez en cuando, no llega a procesar lo que estamos percibiendo sino que demora un tiempo, el suficiente para que una vez que se acomoda nos quede la sensación del recuerdo; cosa que es cierta, es un recuerdo, pero de algo que ocurrió hace unas milésimas de segundo.
     En mi caso, cuando me ocurre uno llevo la experiencia un paso más adelante: después de la sensación trato de reconstruir cómo sigue el recuerdo, y entonces imagino por ejemplo, si estoy en la calle, de qué color va a ser el próximo coche que pase; o si el deja vu me pasa durante una conversación inmediatamente estimo como va a seguir, imaginándome el resto del dialogo. Y hay veces en las que realmente me creo la reconstrucción, llevándome al poco tiempo una pequeña decepción.
      Antes de irme les dejo una inquietud que tengo acerca de los deja vu. Si bien la explicación científica es convincente siempre queda la posibilidad de que sea errónea y, efectivamente estemos teniendo una premonición. Si esto fuera cierto, por el solo hecho de tener un deja vu estaríamos alterando el desarrollo de nuestra linea temporal.

     Como siempre, mi cháchara vacía y sin sentido es la excusa  para dejarles la visión sobre el tema de alguien mejor: 


Gracias a los muchachos de Sunset Boulevard por poner al alcance de mi mano estos programas. 

Deja Vu

     Todos sabemos en que consiste un deja vu. Estamos en un lugar o se desarrolla algun evento e instantáneamente nos viene la sensación de ya haberlo vivido. También sabemos que esto se debe a un pequeño error del cerebro, que, de vez en cuando, no llega a procesar lo que estamos percibiendo sino que demora un tiempo, el suficiente para que una vez que se acomoda nos quede la sensación del recuerdo; cosa que es cierta, es un recuerdo, pero de algo que ocurrió hace unas milésimas de segundo.
     En mi caso, cuando me ocurre uno llevo la experiencia un paso más adelante: después de la sensación trato de reconstruir cómo sigue el recuerdo, y entonces imagino por ejemplo, si estoy en la calle, de qué color va a ser el próximo coche que pase; o si el deja vu me pasa durante una conversación inmediatamente estimo como va a seguir, imaginándome el resto del dialogo. Y hay veces en las que realmente me creo la reconstrucción, llevándome al poco tiempo una pequeña decepción.
      Antes de irme les dejo una inquietud que tengo acerca de los deja vu. Si bien la explicación científica es convincente siempre queda la posibilidad de que sea errónea y, efectivamente estemos teniendo una premonición. Si esto fuera cierto, por el solo hecho de tener un deja vu estaríamos alterando el desarrollo de nuestra linea temporal.

     Como siempre, mi cháchara vacía y sin sentido es la excusa  para dejarles la visión sobre el tema de alguien mejor: 


Gracias a los muchachos de Sunset Boulevard por poner al alcance de mi mano estos programas. 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Ir o No Ir, Esa Es La Cuestión

Viendo la imagen no parece una pregunta difícil de responder, no?


¿Será este el fin de Shakespeare zombie?

martes, 13 de septiembre de 2011

Una Idea Lindísima



Y ya que estamos de buen humor:

Recuerden que se viene una serie con Zooey de protagonista...
   

lunes, 12 de septiembre de 2011

No Sería el Único


sábado, 10 de septiembre de 2011

Una Entrada Modesta

Lo mejor de todo es que yo no los busco, ellos me encuentran.

EL ÚLTIMO PISO

     La comida sería a las nueve y media, pero me encarecieron que llegara un rato antes, para que me presentaran a los otros invitados.
     Llegué apresuradamente, sobre la hora, y, ya en el ascensor, apreté el botón del último piso, donde me dijeron que vivían.
     Llamé a la puerta. La abrieron y me hicieron pasar a una sala en la que no había nadie. Al rato entró una muchacha que parecía asombrada de mi presencia.
     -¿Lo conozco? -me preguntó.
     -No lo creo -dije-. ¿Aquí viven los señores Roemer?
     -¿Los Roemer? -preguntó la muchacha, riendo-. Los Roemer viven en el piso de abajo.
     -No me arrepiento de mi error. Me permitió conocerla -aseguré.
     -¿No habrá sido deliberado? -inquirió la muchacha, muy divertida.
     -Fue una simple casualidad -afirmé.
     -Señor... -dijo-. Ni siquiera sé cómo se llama.
     -Bioy -le dije-. ¿Y usted?
     -Margarita. Señor Bioy, ya que de una manera u otra llegó a mi casa, no me dirá que no, si lo convido a tomar una copita.
     -¿Para brindar por mi error? Me parece muy bien.
     Brindamos y conversamos. Pasamos un rato que no olvidaré.
     Llegó así un momento en que miré el reloj y exclamé alarmado:
     -Tengo que dejarla. Me esperan, para comer, los Roemer a las nueve y media.
     -No seas malo -exclamó.
     -No soy malo. ¡Qué más querría que no dejarte nunca!, pero me esperan para comer.
     -Bueno, si preferís la comida no insisto. Has de tener mucha hambre.
     -No tengo hambre -protesté- pero prometí que llegaría antes de las nueve y media. Los Roemer estarán esperándome.
     -Perfectamente. Corra abajo. No lo retengo aunque le aclaro: no creo que vuelva a verme.
     -Volveré -dije-. Le prometo que volveré.
     Podría jurar que antes nos habíamos tuteado. Pensé que estaba enojada, pero no tenía tiempo de aclarar nada. La besé en la frente, solté mis manos de las suyas y corrí abajo.
     Llegué a las nueve y treinta al octavo piso. Comí con los Roemer y sus otros invitados. Hablamos de muchas cosas, pero no me pregunten de qué, porque yo sólo pensaba en Margarita. Cuando pude me despedí. Me acompañaron hasta el ascensor.
     Cerré la puerta y me dispuse a oprimir el botón del noveno piso. No existía ese botón. El de más arriba era el octavo.
     Cuando oí que los Roemer cerraban la puerta de su departamento, salí del ascensor para subir por la escalera. Sólo había allí escalera para bajar. Oí que había gente hablando en el palier del sexto piso. Bajé por la escalera y les pregunté cómo podía subir al noveno piso.
     -No hay noveno piso - me dijeron.
     Empezaron a explicarme que en el octavo vivían los Roemer, que eran, seguramente, las personas a quienes yo quería ver... Murmuré no sé qué y sin escuchar lo que decían me largué escaleras abajo.

Adolfo Bioy Casares, Una Magia Modesta.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Una Canallada

     Debo agradecer a nuestro amigo común el Licenciado Jasper quien me advirtió del siguiente abuso de mi inmensa popularidad:


     Por este medio quisiera declarar que se trata de una clara maniobra de los saiyajin de siempre, que no desperdician oportunidad de abusar del buen nombre de sus amigos. Son los últimos manotazos de ahogado de estos individuos que recientemente vieron afectada negativamente su popularidad por culpa de unos doblajes tristísimos.
     Ademas todo el mundo sabe, y esto no es un misterio, que  apoyo incondicionalmente a Nolberto Ladroga, un estadista de raza, que siempre está donde se lo necesita:


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