sábado, 19 de mayo de 2012

A 14 de octubre de 1872


     El contemplador asiste a su vida, no la conduce; es espectador más bien que actor, e intenta com­prender más bien que hacer.
     ¿Es inmoral e ilegítima esta manera de ser? ¿Estamos obliga­dos a la acción? ¿Este desprendimiento es una individualidad res­petable o un pecado que debemos combatir? Siempre he vacila­do en este punto, y he perdido varios años en reproches inefica­ces y en impulsos inútiles. Mi conciencia occidental y penetrada de moralismo cristiano ha sido siempre perseguidora de mi quie­tismo oriental y de mi tendencia búdica. No soy digno de apro­bación a mis ojos, ni he sabido enmendarme. En esto, como en todo lo demás, estoy dividido y perplejo, y he oscilado entre los contrarios, manera especial de guardar el equilibrio, pero que impide toda cristalización. 
     Me fue dado percibir lo absoluto, y no tuve la audacia in­discreta de la individualidad. ¿Con qué derecho haría de un de­fecto un título? No he acertado a ver ninguna necesidad para imponerme a los demás. Sólo tuve la evidencia de mis deficien­cias y de las superioridades ajenas. No es así como nos abrimos camino. Con aptitudes variadas y cierta inteligencia, carecía de la impulsión dominante y del talento imperioso, y siendo capaz, me sentí libre, y libre no he sabido descubrir la perfección. El equilibrio produjo la indecisión, y la indecisión esterilizó todas mis facultades.

Del diario íntimo de Amiel

1 comentario:

Gon dijo...

Cada uno la baila como más le gusta. Osho siempre hablo de ser "testigo", pero era también un gran actor.

Tal vez el secreto sea equilibrar las dos tendencias.

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